Guillermo Altares

Periodista de EL PAÍS

La libertad herida

A las 11:30 del miércoles 7 de enero de 2015, los hermanos Chérif y Saïd Kouachi entraron en la redacción de Charlie Hebdo, en una pequeña calle del barrio parisino del Marais, y en unos minutos asesinaron a 11 personas. Escogieron el momento en el que sabían que se celebraba el consejo de redacción y, por lo tanto, cuando estaban presentes los principales dibujantes y redactores de la revista satírica francesa, que siempre había destacado por su voluntad de ruptura y provocación y que había publicado numerosas viñetas de Mahoma. “¡Hemos vengado al profeta!”, gritaron en la calle. Luego emprendieron su huida durante la que asesinaron a un policía cuando se encontraba herido en el suelo, como pudo verse en un vídeo espeluznante que demostró hasta qué punto cualquier tragedia del siglo XXI iba a ser grabada y difundida instantáneamente a través de las redes sociales.

Portada del New Yorker para homenajear a los dibujantes que murieron en el atentado
Portada del New Yorker para homenajear a los dibujantes que murieron en el atentado

Aunque mucho más espectacular y sangriento, el atentado contra Charlie Hebdo no era extraordinario porque tenía claros y cercanos precedentes. Diez años antes, un holandés de origen marroquí de 26 años, Mohammed Bouyeri, disparó ocho veces en el estómago y luego degolló en una calle de Amsterdam al cineasta Theo van Gogh por un cortometraje sobre Mahoma cuyo guión había sido escrito por la activista somalí Ayaan Hirsi Alí, que era su auténtico objetivo. La violencia en torno a las viñetas de Mahoma forma parte de este mismo conflicto, en el que un grupo de fanáticos terroristas amenaza a cualquiera que crea que ofende su visión de la religión.

Sin embargo, todo el mundo tenía claro que lo ocurrido en París era diferente. Primero, por la utilización de armas de guerra y la formación militar que exhibieron los asesinos. Segundo, porque la mayoría de los franceses sabían que era solo el principio, que no eran los últimos ataques que iba a padecer este país. La pesadilla de la que hablaban los servicios secretos occidentales, el retorno de europeos que habían combatido con el Ejército Islámico en Siria para llevar a cabo actos terroristas en Europa, se había convertido en realidad. No se equivocaban: al día siguiente, cuando el lema “Je suis Charlie” circulaba por todo el mundo, otro terrorista, Amedy Coulibaly, mató a una policía en la capital y luego tomó rehenes en un supermercado judío y asesinó allí a cuatro personas.

— El recorrido de los terroristas —

La gigantesca manifestación que recorrió París el domingo demostró la conmoción de la sociedad francesa, pero también su división porque la presencia de musulmanes –entre 4 y 5 millones, en torno al 7% de la población de Francia– fue mucho menos masiva de lo esperado. Eso no quiere decir que no condenasen el atentado, y que no les repugna la violencia ejercida en nombre de su religión, sino más bien que sintieron que formaban parte de la sociedad que inundó las calles de París durante la marcha.

Así fue el atentado
Así fue el atentado

El 21 de agosto, sólo la presencia de tres militares estadounidenses de paisano evitó una matanza en un tren Thalys entre Amsterdam y París. De nuevo, el autor, que había pasado por España, estaba en el radar de los servicios de seguridad franceses por su radicalización. Pero nada pudo evitar la tragedia del 13 de noviembre en París pese las medidas de seguridad que el Gobierno francés había desplegado desde enero. Un grupo coordinado de nueve yihadistas, la inmensa mayoría fichados, asesinó a 130 personas en seis escenarios diferentes, entre ellos la sala Bataclán, varias terrazas de restaurantes y bares de copas populares y el Estadio de Francia, donde tres suicidas sólo llegaron a matar a una persona.

El horror de París desencadenó nuevas medidas antiterroristas, un estado de excepción prologando y la sensación en Francia –y en la vecina Bélgica, donde se planificaron los atentados– de que debía enfrentarse a profundos cambios, que la solución a la larga lucha contra el ISIS pasaba por medidas militares y policiales, pero también sociales. Los autores de los atentados de París eran europeos que asesinaban a otros europeos con métodos de guerra que habían aprendido al sumarse a las filas de un grupo que ha creado un atroz reino de terror en Oriente Próximo. Lo peor es que, de nuevo, nadie piensa que los atentados de noviembre vayan a ser los últimos.

Manifestaciones
Milones de personas salieron a las calles de París para reclamar justicia ante los ataques terroristas contra el semanario satírico Charlie Hebdo cuatro días después del trágico suceso. La marcha, que partió de la plaza de la República, simbolizó el apoyo de todo un pueblo ante la barbarie y a favor de la irrenunciable libertad de expresión. La multitud quiso recordar, también en las redes sociales, su solidaridad hacia las víctimas mortales que causaron los dos terroristas al acceder a las oficinas del semanario. A través del siguiente gráfico, publicado por Twitter, se puede observar la evolución e intensidad en el número de tweets que los internautas publicaron los días 7 y 8 de enero

— OTROS ATENTADOS CONTRA LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN —

La libertad de expresión es uno de los derechos más perseguidos en el mundo. Los datos del informe de Reporteros Sin Fronteras del año pasado así lo atestiguan. En 2015 se registraron 110 asesinatos a periodistas por ejercer su profesión o en circunstancias sospechosas. El siguiente gráfico muestra algunos ejemplos de cómo la libertad de informar sigue siendo un bien preciado a lo largo y ancho del globo. Un derecho que la ciudadanía debe conservar frente a la violencia sectaria, las presiones políticas o las coacciones de cualquier otro tipo.