Javier Casqueiro

Periodista de EL PAÍS

José María Aznar, el presidente arrojado

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Cartel electoral de AP.

El día que José María Aznar entró al fin en La Moncloa como cuarto presidente del Gobierno de España tras la transición, se quitó de encima muchas asignaturas y rencores pendientes. No todos. Cuarto hijo de una familia de clase media acomodada del barrio de Salamanca de Madrid, estudiante aseado en el prestigioso Colegio del Pilar, sacó una oposición de inspector de finanzas, se casó con su primera novia universitaria y se afilió a Alianza Popular casi por mimetismo. Su esposa, Ana Botella, ya era una gran fan de Manuel Fraga y ese era su entorno natural. No destacaba en nada pero era arrojado. Ese talante marcó su trayectoria.

Su primera experiencia política de campaña fue con 29 años, en 1982, en Ávila, de diputado cunero. No fue bien acogido. Entró en la sede con su loden verde, su pelo engominado y su gesto adusto. No se dejó amedrentar, se pateó toda la provincia y resultó elegido contra pronóstico. En 1987 una alianza con el CDS le promocionó a la presidencia de la Junta de Castilla y León. Lo primero que hizo fue eliminar las tarjetas visa de los consejeros.

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Resultados electorales de PP y PSOE en las elecciones generales de 1989, 1993, 1996 y 2000.

En septiembre de 1989, Aznar cogió el relevo de toda la organización con la refundación del Partido Popular “sin tutelas ni tu tías” con respecto al pasado en el ya famoso Congreso del partido en Sevilla. En un giro teatral que marcó su carrera, Fraga rompió allí en pedazos ante todos los militantes y las cámaras la carta de dimisión que Aznar le había entregado poco antes de ser nombrado como sucesor tutelado para que hiciera con ella lo que quisiera y cuando quisiera. Fraga arriesgó con un flemático y aún desconocido dirigente que apenas llevaba dos años como presidente autonómico pero que ya había enseñado sus dientes en una descarada conferencia política en el Club Siglo XXI.

En septiembre de 1989,
Aznar cogió el relevo
de toda la organización
con la refundación del PP

Aznar recogió aquel PP, eliminó sus capillas de familias, influencias, opositores y tecnócratas, se rodeó de un equipo muy leal, con su misma ambición y sin complejos, y se atrevió a enfrentarse electoralmente contra Felipe González en menos de dos meses. Parecía un suicidio y se quedó solo en una dura derrota: 175-107.

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Aznar: “La Reinvención de un presidente”

Persistió. Tenaz y rencoroso, Aznar se sentía minusvalorado y despreciado por González, por gran parte de los medios de comunicación y por un sector muy anticuado en sus propias filas. Le costó asentarse. Pulió algo su imagen, pero le era imposible mostrarse simpático o accesible. Tampoco para los suyos, que le profesaban más temor que respeto. Se rodeó cada vez mejor, aguantó y en 1993, en plena vorágine de la corrupción socialista, estuvo a punto de tumbar a su gran enemigo. Le faltó o le sobró esa campaña: 159-141.

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Elecciones generales de 1993.
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Elecciones generales de 2000.

Aznar dedicó los tres años siguientes a perfilar ya su programa de gobierno. En 1996 efectivamente ganó pero por poco y gobernó gracias a los nacionalistas: 156-141. Uno de sus jóvenes altos cargos de entonces, Javier Fernández-Lasquetty, ahora en la oposición más crítica a Mariano Rajoy, ensalza cómo se atrevió al mes de ocupar el Consejo de Ministros a firmar dos polémicos decretos ley liberalizadores de los principales sectores del mercado casi en secreto. Y lo interpreta: “Quería evitar que los ministros, recién llegados a sus carteras, se atraparan a sí mismos en el bucle de pasividad que suelen recomendar los burócratas, los sindicatos y –más que nadie- los lobbies corporativos empresariales que defienden privilegios, monopolios y proInfografiaAznar2teccionismos que benefician a unos a costa de perjudicar a los consumidores”.

Aznar estuvo dos mandatos muy dispares en La Moncloa, el segundo marcado por su mayoría absoluta y su desconexión de la realidad del país en aspectos tan evidentes como la oposición a la guerra de Irak. Aguantó con el bastón de mando del PP 14 años. En el verano de 2003, con el mismo método personalista con el que había actualizado al PP, Aznar señaló como heredero a Rajoy y le cedió el despacho. No era ni su mejor amigo en el partido ni la personalidad más arrolladora. Le creyó el más fiable frente al incierto futuro de Rodrigo Rato y ante el nulo entusiasmo que provocaba Jaime Mayor Oreja. No tardó mucho en darse cuenta de que se había equivocado.

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Evolución del paro en España (1996 a 2014)

Desde que Rajoy perdió las elecciones de 2004 por la nefasta gestión personalista de Aznar tras los atentados del 11-M en Madrid, el ahora presidente de honor del PP apenas ha vuelto a participar dos veces más en órganos internos del partido. Y siempre para regañarle o ponerle deberes. Rajoy hace como que le escucha y luego pasa. A Aznar esa actitud le pone de los nervios. Ahora apenas se hablan.

De los pueblos castellanoleoneses a La Moncloa


A los 34 años, siendo inspector de Finanzas del Estado, llegó a la presidencia de la Junta de Castilla y León. A los 37 ya presidía el PP y seis años más tarde logró una mayoría simple que le permitió suceder a Felipe González en La Moncloa.